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lunes, 21 de julio de 2008

Estrella fugaz, de Ägueda Subires Palomo



Como una estrella fugaz
tú pasaste aquel día.

Me diste breves momentos
de los que nunca se olvidan.

Me llenaste el corazón
y me llegaste al alma.

Mis sueños se desbordaron,
de felicidad gozaba.

Me hiciste sentir amada,
querida yo me sentía.

Momentos que en soledad
aún recuerdo todavía.

Caricias y amor que anhelo
dieron sentido aquel día.

Como una estrella fugaz
tú pasaste por mi vida.

Äguera Subires Palomo

Besos de sirena, de Álvaro Cordón Flores



Los besos de una sirena,
cayeron en las penumbras
hasta las aguas de un pozo
hundido en tierras profundas.
En su fondo no hay olas,
ni aros de blanca espuma,
sólo una vieja escalera,
herrumbres y una columna.
Allí no habita la aurora,
ni hay caracolas de sal;
la magia está entre las luces,
frente a la orilla del mar.
La mirada de una estrella,
a través de la oquedad,
ilumina todo el hueco,
rompiendo la oscuridad.
Cabalgando sobre un rayo,
vuelan los sueños de arena,
buscando, entre los mares,
los besos de una sirena.

Ante tu puerta, soneto de Manuel Becerro Fernández



Fueron mis sueños hasta tu ventana
antes que mi persona, ante tu puerta
llamara en ella, este amor descubierta
que una luz huía ávida en sotana.


Al candil de tu balcón cortesana
descolgaba el verde entre cubierta
su figura de olor a rosas, vierta
sobre el aire se agrupa la mañana.


Que mis ojos vaciaba, azul del alba
cobijando a la sombra blancas voces
que de tus labios, besan como malva.


Paredes que vierten flores feroces
como amor sostenido sabia salva
de su latir oculto en piel y goces.

Manuel Becerro Fernández

Ondas catódicas, de Juan José Archilla Pintidura



Las ondas catódicas
se tornan caóticas.
La caja tonta
hace honor a su nombre,
en ella se revuelcan la mujer y el hombre,
y el latido incesante
de un talk-show a oscuras.
Recuerdan el penalti dudoso
y en la entrada dura
muestran la cara más sórdida
de la pornografía a media noche.

Juan José Archilla Pintidura

Mátame, de Fco.Miguel Castillo Ordóñez



Róbame las noches que prefieras,
quítame las prendas de mi ropa,
sálvame de falsas primaveras,
bebe mis besos cual si fuera
el último trago de tu última copa.
Llévame al hilván de tu entretela,
cóseme al bies de tu vestido,
ahógame en medio de tus senos.
Clávame tu flecha y tu Cupido,
véngate de la resta sin el menos.
Báñame con los mares de tu risa,
con las aguas de tus besos adyacentes.
Sécame sin tapujos, sin premisas,
sin parcelas prohibidas, carentes
de metas que se quieran alcanzar.
Mátame, mátame con las balas de tus labios,
llévame al parnaso de tus manos,
quémame en la hoguera de este agravio
que me devuelve a este cuento sin enanos
sin Blancanieves, ni madrastras, ni sabios
que me arrastran a la mar sin equipaje,
sin maletas, sin adiós, sin billete de vuelta,
sin vagón de cola, con destino a la tormenta,
que me cala de amor hasta en los huesos,
que me deja sin la aurora de tus besos
a la hora en que la noche se quita las bragas,
a la hora en que la luna se despoja del sostén,
en el instante en que mis manos te deshagan
soñando que al tenerte mis ganas
cambian cinco males por un bien
pues sin ti, deben más de lo que pagan
y se pierden en la mar, se hunden y naufragan
cuando la aurora me despierta en la mañana
mordiéndome las horas, besándome en la sien.
Róbame, llévame……
¡mátame!

Hablándote en primavera, de Francisco López Angulo



El rosal que está en el patio,
y el de la puerta de entrada,
ya están repletos de rosas.

Ya huele la dama de noche,
los rosales, los cilindros y el jazmín.
Ya son cinco primaveras,
que al florecer
y no encontrarte a mi vera,
siempre preguntan por ti.

Yo mientras las riego y las cuido,
a las flores voy diciendo
que tú te encuentras muy lejos,
que yo te sigo queriendo,
que pronto juntos estaremos.

Son tantas veces al día
las que las voy repitiendo,
que las flores del jardín
dicen que sólo por ti
quieren seguir floreciendo.

Loque siento, de Loly Ávila Jiménez



Siento, siempre que me besas,
el aroma de los campos
después que la lluvia cesa.
En mi cuerpo reina un caos
mientras mi alma se eleva.

Siento después que me miras
cómo irradias en mis ojos
y, con ternura infinita,
me conduces por el Cosmos,
donde la pasión habita.

Siento, si tomas mis manos
entre las ardientes tuyas,
que el invierno se ha acabado
y dos pájaros se arrullan
entre las ramas de un árbol.

Siento cuando me acaricias,
que vale la pena amarte,
pues mis tristezas alivias
con delicias celestiales,
que sólo tú sabes darme.
Y siento que, al hacerte mío,
soy dueña de un gran tesoro
que me deparó el destino,
abriendo para nosotros
un largo y ancho camino.

Senda de los jazmines, de Mª Ángeles Castillo Romero



Llegaste, de repente, con el sol de primavera
y aguardabas las horas
hasta llegar al tumulto de la noche,
donde tu mirada se mezclaba con el vino
de las copas mágicas de aquella estancia.
No llamaste a la puerta de mi locura,
ni tampoco ausentaste jamás la palabra poesía.
Te enredaste con dulzura entre la blanca senda
de acogida hacia mi pecho.
Aprendí a bordar sentimientos de jazmines
que me sorprendieron en ese punto del camino.
El levante nuevamente me trajo
mi tan perdido fuego
y el llanto feliz que me encarcela
a tu cuerpo cada vez más...
Nuestro amor es un recinto secreto
donde con júbilo se enlazan nuestras almas
cada vez mas cerca de la gloria.

Dichosa Primavera, de Ricardo del Pino Morales



Qué bonita estación
y que graciosa al despertar
cuando termina el invierno
y la vemos asomar.

¡Primavera! De las cuatro
la más linda eres tú
madera de palo santo
aire limpio y mar azul.

Olor de bellas flores
sonidos de gratitud
armonía en tus bosques,
en tus campos y en tu luz.

Pajarillos que te cantan
en labores de su nido
con sus múltiples faenas
despertando colorido.

Sonido de una cascada
de agua en su recorrido
el canto de la alondra
sobre una rama de olivo.

Tapiz de verde yerba
con su corola abriendo
en variados colores
que el viento va meciendo.

Romance de luna en la noche
sol radiante en las mañanas
y esa llovizna que mantiene
las florecillas mojadas.

Dulzura en tu ambiente
sábana de terciopelo
sobre cielo estrellado
con sabor a caramelo.

Primavera encantada
Que hermosa eres tú
por tu aire, tus colores.
Tu sonido y tu luz.

Ceguera, de Pepi Zea Monio



Eres semblanza de ángel,
mítico sueño divinidad mezclada
en profunda fantasía.
vertiendo en mi cuerpo,
auguradas sensaciones,
arrastrada pasión.

Letargo lujurioso
semilla nacida en el amor.

Perfumada flor, blanco nardo
que embriaga, que hechiza
la utopía y el entendimiento,
dejando en olvido la razón.

Especial ceguera nublando
al ser y a los sentidos,
envolviendo en sutil
velo, vorágine envolvente
del amor y la pasión.

Sentir la Vida, de Paquita Ramos



Con las manos abiertas hacia el cielo,
queriendo recoger entre mis dedos la brisa, producida por suspiros de flores, que al atardecer desfallecen.
Bruscamente giraba, pues sentía un beso helado sobre mi mejilla, era el aire suave de la nieve que cual pétalos de rosas caía. ¡Cuánta belleza esconde cada día cuando el sol te acaricia, te broncea,
qué sensaciones más extrañas sientes cuando con tus manos abiertas quieres
llenar del agua que a tu cuerpo acaricia
tu cuerpo, recipiente de porcelana fina.
Tu estado emocional busca palabras
que expresen su sentir, sus emociones,
y un torrente de sentimientos brota,

desde tu alma hasta tus labios rojos.

unque no quiere, aumenta tu impotencia,
el no encontrar una palabra justa

para expresar lo que su alma siente.

Y una fácil sencilla, cotidiana,

erá reflejo de ese huracán que arrasa:

Es ¡¡Vida!! mi vida que día a día pasa.

Paquita Ramos

Tormenta en playa sureña, de Julio Mª. Meca Pérez



En playa sureña, de normal serena
el cielo plomizo presagia tormenta
las aguas verdosas, se agitan inquietas
y un áspero viento azota la arena

¡Resguardad la barca que está pintadita¡
apenas se oye, una voz en la orilla
mientras sin refugio, melenas al viento
se muestra su dueña, una bella chiquilla

A la voz de la niña aparece un marino
con aires de Nemo, surgido del tiempo
que la tranquiliza con dulces palabras

No temas Mi Reina, no pases mas cuitas
que este viejo lobo que huele a vainilla
y de mil tormentas sabe, velará por ella

Y el viejo marino, rescata la barca, que está como nueva
la pone a cubierto y al verla segura, la niña
suspira aliviada, con su bello pelo suelto

ahora, su barca no sufre la fuerza del viento
ni corre peligro y está a buen seguro,
pero huele a vainilla… como el viejo Nemo


Julio Mª. Meca Pérez

viernes, 11 de julio de 2008

Inmaculadas, de Marisi Moreau Tamayo.


Sobre el frío escritorio, blancas y tersas
como la nieve, la rosa, o la camelia,
las hojas de papel, esperan ser trazadas...
por la pluma de algún loco poeta.
Queréis sentir el frío de la tinta,
con enajenados versos y quimeras,
sentiros arañadas por la esencia...
de preciosas imágenes supuestas.
Después de un largo espacio,
fluyen al fin las ideas, vienen las musas...
como circunferencias que se esfuman.
Entre comas y letras... os manchan los poetas
con sus versos desnudos, sin glorias y sin penas,
sin nombre, ni adjetivos, y tú... ¡Papel esperas!
Realidades, salvajes, rebeldes coherencias.
Al fin viene y se eleva, como símbolos puros,
en el instante sublime.., de la propia conciencia.
Los poemas serán de amor, dolor, guerras o flores,
se convertirán en eslabones, perdurables...
en la peana azul de las ideas.
El poeta, asentará su estilo y sus ardores...
forjando... su expresión más bella.
Marisi Moreau Tamayo.

Esterubí, de Manolo Garrido




Como quieres que te diga
el amor que guardo en mi pecho,
si yo mi amor, no tengo derecho
ni a mirarte a escondidas.

Qué versos puede nacer
de mi pluma mustia y fría,
si tú ya eres poesía
sólo con nacer mujer.

Para ti brotan mis versos
y en ti se funden al nacer,
dentro de mí sólo eres musa
que lloras como niña y hablas como mujer.

Donde me sobra el tiempo
y el corazón no cabe,
por qué no pones un beso fresco,
blanco, puro de azahares.

Más tarde, sierra mi pecho vil
y atraviésame el costado,
que como Cristo seré clavado
mi niña EsteRubí.

Manolo Garrido

viernes, 4 de julio de 2008

Me asomé a tus ojos, de José G. Mesa


Con el rostro implacable del destino irreversible
me asome a tus ojos y en el recodo de un sueño,
en una esquina escondida…
esta la necesidad que actúa por tu amor,
¿Que mas puedo pedir? ¡Sanó mi herida!

Un nuevo amanecer colmó mi aurora,
tenéme siempre en tus caricias,
sellemos nuestra unión como habrá pocas…
yo no se ocultar mis sentimientos,
ni vivir se… entre falaz ni dura roca.

Quiero iniciar de nuevo el ciclo
de amarte y abrazarte, con mi piel a solas,
ya me he hecho a tu cuerpo… y tu al mío
ya no habrá octaculo cruzado en el camino
que detenga tu belleza y mi destino.

Ahora somos los dos en uno mismo,
sin temerle al que dirán por egoísmo,
ahora somos respuestas, y el tiempo….
y el tiempo dirá que nos quisimos.

José G Mesa

Sentir Málaga, de Marisa Ferrer


SENTIR MALAGA

Tu mar le da frescor al pavimento
con brisa que es rumor de pasacalles;
tus parques cual jardines de Versalles
leyenda son de amor y de talento.

Puntillas en la arena crea el viento;
alfombras de verdor hay en tus valles;
venero de bonanza son tus calles
y el oro se derrama por tu aliento.

Moriscos se entremezclan con cristianos.
Te aroman con albura cual doncella
y aclaman tu belleza como hermanos.

Por siempre tú serás sirena bella,
el feudo para el Sol; y está en tus manos
el summum de la luz: ¡radiante estrella!

Marisa Ferrer

martes, 13 de mayo de 2008

Soñe con un beso, de Emilio García del Nido


Hoy me siento vacío, me falta vida,
un retazo de vida que en sueños me robaron,
como estrella fugaz pasó por mi sentido
hiriendo de metralla el corazón dolido.
Fue eso; simplemente un beso
que una mujer me diera en la dormida
paz del primer sueño.
Aquellos labios de rosa entreabierta
dejaron en mi boca sabores escondidos
en recónditos lugares de mi alma
que yo ignoraba que hubieran existido.
Si ese beso hubiera sido
felizmente real y consentido
hoy no tendría palabras de nostalgia
de un amor que no es correspondido.
Por eso el despertar ha sido amargo
al ver que todo ha sido fantasía,
que el beso se evaporó llegando el día
dejándome una huella de letargo.
Sueño y realidad me traicionan a porfía.
Esto no es una queja, es como un dardo
y no quiero volver a soñar el beso en otro día.

Emilio García del Nido

Fué en primavera, de Ben-Alí


Era Primavera igual que ahora,
todo está igual que entonces,
los alegres frutales,
Las espigas,
los naranjos,
los inquietos manantiales.
Entre las verdes praderas
recuerdo su voz.,
lo recuerdo a ÉL.
Nuestros cuerpos gozosos
se amaban beso a beso
en la mañanas de Primavera,
en las tardes y en las noches,
porque cuando el amor llega
con su fuego, con su luz,
vibra de tanto esperar.
Mi corazón te condena,
persigo y reclamo
el momento de tenerte,
es Primavera otra vez,
y sin conocer la causa,
veo lo que queda
de ese ardor inmortal
y porqué nos amamos.
Mañana llegará el verano,
y sol ardiente
emprenderá otra siega.

Ben-Alí

miércoles, 16 de abril de 2008

"A la mujer malagueña", de José Antonio Párraga


A LA MUJER MALAGUEÑA

Dicen que cuando el Señor
hizo la tierra española
le parecía una reina
que nacía de las olas.

Y tomando la ocho perlas
más valiosas que tenía,
le fabricó una corona
y la llamó Andalucía.

Y tan contento se puso
cuando la hubo terminao,
que llamando a un angelillo,
le dió el siguiente recao.

Ma salio tan bonita
la tierra de Andalucía,
que quiero hacerle un regalo
pa los restos de la vía.

Quiero que toas sus mujeres
destaquen del mundo entero
y pa que no se te olvíe,
apaña pluma y tintero.

A la mujer sevillana,
le daremos simpatía,
y el talle como un clavel
a la mujer de Almería.

Que la mujer de Jaén,
tenga andares de princesa,
y ojazos negros y moros
a la mujer cordobesa.



Démosle a las granainas
belleza con picardía,
y Huelva y Cádiz se lleven,
el salero y la alegría.

Señor, dijo el angelillo,
Málaga se le ha olviao.
Yo no me olvío de na,
no me seas descarao,
Málaga es algo especial.

A ver, coge una mujer
y ponle to lo apuntao:
la belleza, la alegría,
los ojos ,la simpatía,
y to en un cuerpo perfecto,
ni mu grande, ni pequeña,

!Y ya tienes el modelo
de la mujer malagueña!


José Antonio Párraga

"Cuando tu me das un beso", de Francisco Rodriguez


CUANDO TU ME DAS UN BESO

Como una tormenta de arena
que va invadiendo el desierto,
un fuego abrasador
va achicharrando mi cuerpo.

Oigo música celestial
de ángeles en el cielo,
que saltan y ríen contentos,
percibo olores a flores
de primavera que ha vuelto.

Tu mirada que se aloja
en lo mas hondo del cuerpo,
recorre mi corazón
y se aloja en mi pecho.

Tu mente en otro mundo
y tus labios sonriendo,
y una voz melodiosa
que me repite te quiero.

Eso siente mi corazón
cuando tú me das un beso.


Francisco Rodríguez